Esta noche traigo unos videos que mi gran amigo Perh, o también conocido como Pemm, grabó el año pasado. Como siempre, es un placer escucharle hablar sobre la música, sobre los sonidos de la naturaleza, fusionados con los instrumentos.
I En las orillas del río, durmiendo, grandes campos de cebada y centeno visten colinas y encuentran al cielo; a través del campo, marcha el sendero hacia las mil torres de Camelot; y arriba, y abajo, la gente viene, mirando a donde los lirios florecen, en la isla que río abajo aparece: es la isla de Shalott.
Tiembla el álamo, palidece el sauce, grises brisas estremecen los aires y la ola, que por siempre llena el cauce, por el río y desde la isla distante fluye que fluye, hasta Camelot. Cuatro muros grises: sus grises torres dominan un espacio entre las flores, y en el silencio de la isla se esconde la dama de Shalott.
Tras un velo de sauces, por la orilla, a las pesadas barcas las deslizan unos lentos caballos; y furtiva, una vela de seda traza huidiza, surcos de espuma, hacia Camelot. Pero ¿ quien la vio nunca saludando? ¿o en la ventana de su estudio estando? ¿o acaso es conocida en el condado la dama de Shalott?
Sólo los segadores muy temprano, cuando siegan ya maduros los granos, escuchan ecos de un alegre canto que desde el río llega, alto y claro hasta las mil torres de Camelot: Bajo la luna el segador trabaja, apilando haces en las eras altas. Escucha y murmura: "es ella, el hada, la dama de Shalott".
II Ella teje una tela día y noche, tela mágica de hermosos colores. Ha oído murmurar un rumor, sobre una maldición: ay como se asome y mire lejos, hacia Camelot. No sabe que maldición pueda ser, ella teje y no deja de tejer, y otra cosa no hay que pueda temer, la dama de Shalott.
Moviéndose sobre un espejo claro que cuelga frente a ella todo el año, sombras del mundo aparecen. Cercano ve ella el camino que serpenteando conduce a las torres de Camelot; Allí el remolino del río gira, y descortés el aldeano grita, y de las mozas las capas rojizas se alejan de Shalott.
A veces un tropel de alegres damas, un abate, al que portan con calma, o es un pastor de cabeza rizada, o de largo pelo y carmesí capa, un paje se dirige a Camelot; y a veces cruzan el azul espejo caballeros de dos en dos viniendo: no tiene un buen y leal caballero la dama de Shalott.
Pero en su tela disfruta y recoge del espejo las mágicas visiones, y a menudo en las silenciosas noches un funeral con plumas y faroles y música, iba hacia Camelot: O venían, la luna en su camino, amantes casados de ahora mismo; "Estoy enferma de tanta sombra", dijo la dama de Shalott.
III A tiro de arco del alero de ella, él cabalgaba entre la mies de la era; deslumbraba el sol entre hojas nuevas, y ardía sobre las broncíneas grebas del valiente y audaz Sir Lancelot. Un cruzado al que arrodillado puso con la dama por siempre en el escudo, brillaba en el campo amarillo, junto la lejana Shalott.
Brillaba libre enjoyada la brida: una rama de estrellas imprevistas colgadas de una Galaxia amarilla. Sonaban alegres las campanillas mientras cabalgaba hacia Camelot: y en bandolera, plata entre blasones, colgaba un potente clarín. Al trote, su armadura tintineaba, sobre la lejana Shalott.
Bajo el azul despejado del cielo refulgía la silla de oro y cuero, ardía el yelmo y la pluma del yelmo, juntas como una sola llama al viento, mientras cabalgaba hacia Camelot: Así en la noche púrpura se viera, bajo cúmulos sembrados de estrellas, un cometa, cola de luz, que llega, a la quieta Shalott.
Su frente alta y clara, al sol brillaba; sobre los pulidos cascos trotaba; por debajo de su yelmo flotaban los bucles negros, mientras cabalgaba, cabalgaba directo a Camelot. Desde la orilla, y desde el río, brilló en el espejo de cristal, "tralarí lará" cantando en el río iba Sir Lancelot.
Dejó la tela, y dejó el telar, tres pasos en su cuarto ella fue a dar, ella vio el lirio de agua reventar, el yelmo y la pluma ella fue a mirar, y posó su mirada en Camelot. Voló la tela, y se quedó aparte; se rompió el espejo de parte a parte; "la maldición vino a mi", gritó suave la dama de Shalott.
IV En la tormenta que de este soplaba, los bosques de oro pálido menguaban, y el río ancho en su orilla los lloraba. Un cielo negro y bajo diluviaba encima las torres de Camelot. Ella bajó hasta el río, y encontróse bajo un sauce, una barca aún a flote, y escribió, justo en la proa del bote, "La Dama de Shalott".
Del río a través del pequeño espacio como un audaz adivino extasiado y en trance, viendo ante sí su trágico destino, y con el semblante impávido, ella miró lejos, a Camelot. Y cuando el día por fin se acababa, ella se tendió, y soltando amarras, dejó que la corriente la arrastrara, la dama de Shalott.
Tendida, vestida de un blanco nieve desbordando por los lados del bote las hojas cayendo sobre ella, leves, a través del sonido de la noche, ella flotaba hacia Camelot. Y mientras la afilada proa hería los campos y las esbeltas colinas, se oyó un cantar, su última melodía, la dama de Shalott.
Se oyó un cantar, un cantar triste y santo cantado con fuerza y luego muy bajo, hasta helarse su sangre muy despacio, por completo sus ojos se cerraron fijos en las torres de Camelot. Porque hasta allí llegó con la marea, de las primeras casas a la puerta, y cantando su canción quedó muerta, la dama de Shalott.
Debajo la torre y la balconada entre las galerías y las tapias hermosa y resplandeciente flotaba, pálida de muerte, entre las casas, entrando silenciosa en Camelot. Al embarcadero juntos salieron: dama y señor, burgués y caballero, su nombre junto a la proa leyeron, la dama de Shalott.
¿Qué tenemos aquí ? ¿ Y qué es todo esto ? Y en el palacio de luces y juegos el jolgorio real tornó silencio; Se santiguaron todos con miedo, los caballeros, allí en Camelot: Pero Lancelot, meditando un poco, fue y dijo, "Ella tiene el rostro hermoso, por gracia de Dios misericordioso, la dama de Shalott."
Hace unos días publiqué una demo que ha grabado nuestro amigo Perh con un extracto de "The adventures of Byron the cat" y hoy traigo dos nuevas demos que ha grabado. Espero que os gusten tanto como a mí.
Mi gran amigo Perh, ha presentado en su blog de La Coctelera una demo de una obra que está componiendo, titulada The Adventures of Byron the Cat. Con su consentimiento, la traigo a mi blog, para que podáis disfrutar de ella. A ver si os gusta tanto como a mí.
Esta mañana he estado en el Círculo de Bellas Artes en la presentación de un libro en el que se recogen los testimonios que algunas víctimas de atentados terroristas hicieron en la Juntas Generales de Guipuzcoa el día 1 de abril de 2009. El libro se titula Hablan las víctimas, una visión íntima. Era un día muy adecuado para presentar un libro así, siendo el aniversario del atentado del 11S.
Tengo que reconocer que el tema del terrorismo es uno de esos en los que no transijo que se justifique, mediante ninguna razón supuestamente histórica, ni de otra índole el hecho de haber matado a alguien. Nadie tiene derecho a asesinar, ni a insultar a las víctimas, a restregarles por la cara sus odios con desfachatez, y a seguir haciendo alardes de su desvergüenza delante de los familiares de alguien que ha sido asesinado a tiros, cuando salía a trabajar, o cuando estaba tomando algo con sus amigos, o sucohe ha salido volando por los aires delante de su familia.
Por eso, al leer los testimonios de algunos de ellos, como por ejemplo el de Sandra Carrasco, la hija de Isaías Carrasco, asesindo por ETA el 7 de marzo de 2008, pienso en lo difícil que debe de ser convivir en la misma ciudad con gente que justifica los asesinatos.
Nada lo puede justificar, ni las ideas políticas (si es que se pueden considerar así), ni un complejo de pueblo oprimido que padecen unos cuantos, que es tan indignante para el resto del país. Hoy, escuchando a Rafaela Romero, presidenta de las Juntas Generales de Guipuzcoa, durante la presentación del libro, he pensado en la valentía que tienen las personas que defienden la democracia frente a los que se empeñan en apoyar a los terroristas, desde allí, donde decir lo que piensas puede llevarte a la muerte.
Ella siente su aliento en la nuca, mientras acaricia las cuerdas, como si fueran los cabellos de él. Lejos, cerca; él y ella. La luna les atrae bajo su luz plateada, y les abraza en una noche infinita.